LA LUZ DE LOS CLÁSICOS
Existe todavía una forma de pintura que no necesita elevar la voz. Una pintura que habita intramuros y busca la revelación callada de las cosas. En esa tradición, nacida en la intimidad luminosa de la pintura flamenca y llevada a su máxima hondura espiritual por el barroco español, se inscribe esta nueva serie de Sánchez Zabaleta.
Catorce pinturas y un largo viaje hacia el origen mismo de la mirada figurativa europea; hacia aquella pintura flamenca que convirtió los objetos cotidianos en depósitos de tiempo, memoria y verdad moral.
Un regreso que se produce desde una conciencia profundamente honesta: que toda gran tradición sólo permanece viva cuando alguien es capaz de revolverse dentro de ella.
La herencia flamenca aparece en la precisión contenida del detalle, en la gravedad de las superficies, en la devoción hacia la materia pobre de la loza, la hojalata o el papel gastado de los libros viejos.
Sin embargo, es la luz, esa luz suspendida y esencialmente barroca la que termina otorgando a los objetos su verdadera densidad. Como en Zurbarán o Sánchez Cotán, la luz los aísla del ruido del mundo y los rescata de su parca penumbra para devolverles algo que parecía perdido: su peso simbólico, su dignidad vital.
“LUZ, SOMBRA Y LATA VACÍA”
Óleo sobre tabla DM/i 22,4 x 40 cm.
h.2026
Disponible
Pero son los libros quienes sostienen secretamente toda la arquitectura moral de estas pinturas.
No aparecen aquí como ornamento ni como simple repertorio autobiográfico. Son alimento. Memoria cultural. Tal vez ambas cosas al mismo tiempo. En sus lomos gastados, en sus páginas erosionadas por el uso y las manos, sobrevive una idea antigua y frágil: que el pensamiento también necesita ser cuidado.
Hay en esta serie una conciencia dolorosa del presente. Una intuición de deriva de una humanidad que avanza entre el ruido, la velocidad y la saturación, cada vez más alejada de aquellas formas de silencio donde el pensamiento podía demorarse. Y es precisamente ahí donde los libros adquieren su verdadera dimensión dentro de la obra.
“LIBRO Y MEDIO PAN”
Óleo sobre tabla DM/i 27 x 50 cm.
h.2026
No disponible
Para el pintor fueron inevitables desde el comienzo de estos trabajos. Y con ellos reaparece también una resonancia política —callada pero persistente— que atraviesa buena parte de la obra de Sánchez Zabaleta. El eco de aquellas palabras pronunciadas por Federico (García Lorca) en Fuente Vaqueros, cuando defendía el derecho a los libros con la misma urgencia con la que defendía el pan. Porque ensanchar la vida era también ensanchar el pensamiento, las ideas.
Estas pinturas nacen de la plena convicción: el ser humano necesita nutrirse tanto de belleza como de materia.
La serie respira desde una contención aparentemente sencilla, pero extraordinariamente difícil de alcanzar, créanlo. Nada sobra. Nada pretende seducir mediante el exceso técnico. La composición se organiza desde una economía casi ascética donde cada sombra, cada vacío y cada silencio poseen un sentido preciso. Esa sobriedad emparenta la obra de Sánchez Zabaleta no sólo con la tradición flamenca y barroca, sino también con cierta ética de la pintura española: aquella que entiende que la emoción verdadera nace de la medida. Vivimos tiempos dominados por la velocidad y la saturación visual,
LA LUZ DE LOS CLÁSICOS reivindica algo radicalmente contemporáneo, legítimo: el derecho a la lentitud de la mirada. Contemplar un pan, un libro o un vaso de agua como si el mundo comenzara de nuevo en ellos.











